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26
Abr

ANIVERSARIO NÚMERO 96 DE BARRANCABERMEJA

HOMILÍA DE MONSEÑOR CAMILO CASTRELLÓN PIZANO, SDB., EN LA  SANTA MISA COMO ACCIÓN DE GRACIAS POR POR LOS 96 AÑOS DE FUNDACIÓN DE LA CIUDAD DE BARRANCABERMEJA.

 

Abril 26 de 2018

Prestemos atención al texto bíblico del Evangelio de San Juan (Jn. 13, 16-20),  que ilumina esta celebración de un año más de vida de Barrancabermeja.

El contexto de esta sección del Evangelio proclamado está todavía en el episodio del lavatorio de los pies, donde Jesús afirma que el criado no es superior al amo, haciendo una referencia directa a la relación de los discípulos con Él. Habla de la misión encomendada, de la traición de Judas y de la bienaventuranza de quienes reciben a sus enviados.

Los discípulos tienen la misión de ir a anunciar a Jesús, en primer lugar con el testimonio de una vida de entrega y honestidad, al servicio de la comunidad.

Los discípulos deben vivir su misión en medio de una sociedad que se opone a los valores de Jesús, a unos sacerdotes y doctores de la ley que buscan el poder para ponerlo al servicio de sus intereses, a una comunidad, que por una parte, se quiere independizar del poder de Roma y, por otra, continúa aferrada a las tradiciones que matan la vida.

Es como si proclamaran sus deseos de libertad, su dignidad ofendida por los romanos, sus derechos como pueblo libre y, al mismo tiempo, se quedan enredados en tradiciones y prácticas que frenan y destruyen la vida, que explotan y oprimen a los débiles y, como los sacerdotes del Templo, frente a la resurrección de Jesús, compran a los funcionarios romanos para que oculten la verdad; ellos, fueron los mismos que pagaron a Judas treinta monedas para que entregara al Maestro.

Estas situaciones descritas en el Evangelio, son situaciones que se han repetido a lo largo de toda la historia, porque están íntimamente enclavadas en la condición humana. Si leemos la historia universal, fácilmente comprobaremos en todos los siglos y en todas las naciones e instituciones, lamentablemente también en la Iglesia, fieles retratos de lo que ha descrito el Evangelio de hoy. Juan nos hace ver que  tenemos  tres grandes enemigos internos que vencer: la ambición de poder, la ambición de tener y la ambición de placer, afloran fácilmente a la superficie de nuestra personalidad y nos orientan hacia el pecado.

El Apóstol Pablo nos recuerda, que por  eso necesitamos dejarnos reconciliar por Dios para ser criaturas nuevas. Necesitamos, por lo tanto, volver a Dios.

En el comunicado de los Obispos en el Mensaje para el pueblo colombiano: NO NOS PODEMOS QUEDAR PARADOS del 3 de noviembre de 2017, con motivo de la Visita del Papa Francisco a Colombia, afirmábamos:

No nos podemos quedar parados, nos ha dicho el Santo Padre. Por eso invitamos a los católicos y a todo el pueblo colombiano a tomar conciencia de la realidad y de la responsabilidad que todos tenemos frente a ella.

Consideramos que estamos atravesando un momento delicado e importante de la vida de nuestra nación, en el que encontramos fuerzas que nos impulsan a grandes ideales, pero también, como lo dijo el Papa, hay densas tinieblas que amenazan y destruyen la vida: las tinieblas de la injusticia y de la inequidad social; las tinieblas corruptoras de los intereses personales o grupales, que consumen de manera egoísta y desaforada lo que está destinado para el bienestar de todos; las tinieblas del irrespeto por la vida humana…; las tinieblas de la sed de venganza y el odio…, las tinieblas de quienes se vuelven insensibles ante el dolor de tantas víctimas

No podemos negar estas dramáticas y preocupantes situaciones en nuestro país. Nos unimos al clamor del Santo Padre ante la realidad que vive el pueblo colombiano: La corrupción, que ha permeado las estructuras fundamentales de la sociedad y ha contaminado las ideas, los principios y los valores, generando una crisis de institucionalidad, ante todo en la justicia, la economía y la política

La polarización y la división, por cuenta de partidismos e intolerancias, que no nos dejan llegar al proyecto común que necesitamos en nuestra patria. Los atentados contra la vida y la familia, así como la manipulación.

En su primer discurso en Bogotá, el Papa Francisco decía:

          Es mucho el tiempo pasado en el odio y la venganza…La soledad de estar siempre enfrentados ya se cuenta por décadas y huele a cien años; no queremos que cualquier tipo de violencia restrinja o anule ni una vida más.

Al celebrar este nuevo aniversario de Barrancabermeja, podemos apreciar lo mucho que hemos avanzado y, al mismo tiempo lo mucho que nos falta. No podemos negar grandes realizaciones e importantes megaproyectos que se abren hacia el futuro, y al mismo tiempo, la corrupción, la polarización, la violencia hacia los débiles y hacia la mujer y otros muchos más males.

El pesimismo, el negativismo, el querer recrearse en las pequeñeces de los contendores, no es el camino. El camino es el de unas mentas lúcidas abiertas hacia el futuro, unos corazones capaces de perdonar, unas manos creadoras de puentes y unos pies limpios, porque siempre caminan por los senderos de la transparencia.

El Evangelio que hemos escuchado nos hablaba del testimonio, de una vida de entrega y honestidad, al servicio de la comunidad.

Coloquemos nuestro corazón en las manos de Jesús y pidámosle, un corazón grande y generoso como el suyo, un corazón bondadoso, un corazón, que en un tiempo fue de piedra y ahora es de carne, para construir todos juntos nuestra hermosa ciudad de Barrancabermeja.

 



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