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25
Abr

BIOGRAFÍA PADRE EDUARDO DÍAZ ARDILA

BIOGRAFÍA DEL PRESBÍTERO EDUARDO DÍAZ ARDILA

 

Nació en Bucaramanga el 1 de enero de 1942, en el seno de una familia numerosa, profundamente católica y conservadora en sus principios, oriundos de Zapatoca, en el hogar formado por el Ingeniero Civil Luis Aurelio Díaz Orejarena (quien fue superintendente de ECOPETROL en El Centro) y la señora Inés Ardila; es el quinto entre diez hermanos.  Los   estudios primarios los realizó inicialmente en el Colegio Santo Tomas de los Padres Dominicos en Bogotá y luego en la Escuela Apostólica de Zapatoca, por sugerencia de Eduardo Ardila, su tío sacerdote, Vicario de la Parroquia de Zapatoca.

 

Sus estudios de formación sacerdotal los realizó en los Seminarios San Carlos Borromeo de San Gil, dirigido por los padres Lazaristas, hoy Vicentinos. En el año 1959, al terminar estudios de filosofía, fué enviado a un año de magisterio en la misma Escuela Apostólica en la que había estudiado. Luego inició la Teología en 1960 en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad Javeriana, con residencia en  el colegio Aloysiano de los padres Jesuitas en Bogotá, donde tuvo como compañeros a presbíteros de la Diócesis de Barrancabermeja: Rafael Chaparro, Nel Beltrán, Carlos Eduardo Gil, Carlos Beltrán, Luis Camacho; los estudios de Teología los  concluyó en la Universidad Gregoriana de Roma, donde obtuvo los títulos de Licenciado en Derecho Canónico y el de Doctor en Teología Sistemática con especialidad en Iglesia. Recibió su ordenación Sacerdotal en Estados Unidos, de manos de Monseñor Patrick Legary Obispo de la Diócesis de Aurora, el 10 de junio de 1965.

 

Su vinculación a la Diócesis de Barrancabermeja, estuvo precedida de cavilaciones y dudas; ya cuando se creó la Diócesis, su familia tenía cuasi domicilio en Barrancabermeja y se presentaban interpretaciones contradictorias acerca de si quedaba incardinado en la Diócesis de Socorro y San Gil o en Barrancabermeja; después de algunas consultas, Monseñor Pedro José Rivera Mejía, Obispo de San Gil,muy generoso le dijo: “Eduardo, usted seguramente me ha oído decir en el seminario, cuando les daba charlas, que no trabajamos para una diócesis sino para toda la Iglesia. Si usted quiere pasar a trabajar a Barrancabermeja no tengo ningún inconveniente, ya que ellos tienen más necesidad de sacerdotes, que la Diócesis de San Gil”[1].

 

Monseñor Bernardo Arango Henao, Obispo de Barrancabermeja, lo acogió con mucho afecto y le dijo: “Eduardo, en este momento para la Diócesis lo más urgente no es el estudio técnico y exegético del Instituto Bíblico que tenías programado hacer”; entonces, el P. Eduardo le propuso un estudio de Pastoral en el Instituto Lumen Vitae de Bruselas, pero al Obispo le pareció “demasiado avanzado para las circunstancias de Colombia”, además “el tiempo era muy corto para conseguir cupo y residencia…”.y le dijo: “la diócesis tiene dos necesidades: un canonista y uno que estudie Ciencias Sociales para trabajar con el Sindicato de los Petroleros USO”. Le mencionó que en ese momento su papá, era Superintendente en Ecopetrol El Centro, estaba enfrentado con la USO en una huelga muy fuerte y que no tendría sentido que el hijo del Superintendente pretendiera trabajar con los obreros petroleros. Entonces Monseñor Arango lo orientó hacia el estudio del Derecho Canónico, que como ya se indicó, realizó en la Universidad Gregoriana de Roma. Posteriormente fue Formador en el Seminario Provincial de Pamplona (Norte de Santander) dos años de 1968 a 1970, de donde se retiró por discrepancias académicas con las directivas.

 

Llegó a Barrancabermeja en octubre de 1970 cuando tenía 28 años y fue nombrado Vicario de la parroquia Catedral La Inmaculada, con el padre Eliseo Álvarez como Párroco, remplazado en diciembre de 1970 por el padre Vicente Otálora. Junto con el Presbítero Gabriel Ojeda el  otro vicario, recordamos  que en ésa época conocimos al P. Eduardo cuando éramos estudiantes de Economía en Bogotá y nos impactó su brillante inteligencia, su capacidad de análisis y desde ya se vislumbraba su visión de una evangelización comprometida con lo social y lo político en el mejor de los sentidos y desde ese momento ha sido objeto de nuestro aprecio y admiración. No se nos  olvida que en una Semana Santa invitó a varios laicos a pronunciar la reflexión de una de las siete palabras del Viernes Santo y entre los que seleccionó nos encontrábamos varios jóvenes que participábamos en vacaciones en actividades de pastoral juvenil.

 

En los retiros del presbiterio de 1972 fue nombrado Vicario Diocesano  de Pastoral  y Párroco  de Casabe (hoy Yondó al otro lado del Río Magdalena) donde estuvo hasta el año 1974, residiendo durante la semana en Barrancabermeja y yendo a la parroquia los fines de semana y cuando había visitas especiales a veredas lejanas, hasta  1974 estuvo de Párroco en Yondó; durante ese tiempo simultáneamente se desempeñó como Capellán Militar, pero se presentaron dificultades por las diferencias de visión con los militares. La función como capellán terminó a principios de diciembre de 1974 con ocasión de una entrega de armas, ya que cuando lo llamaron no bendijo las armas sino a los soldados. Luego cuando el oficial le preguntó por lo hecho, le respondió:

 

“Coronel, según la enseñanza de la Iglesia, toda guerra es indeseable y las armas no deberían existir, pero son un mal necesario, por las limitaciones en el funcionamiento de la sociedad y en las relaciones entre las personas; pero esos males necesarios no se bendicen. Sería como poner a un sacerdote a bendecir preservativos para una campaña de control de natalidad, cuando la Iglesia dice de ellos que pueden considerarse como un mal necesario”.

 

Durante su estancia en Casabe (Yondó) fundó el colegio de Bachillerato que lleva su nombre y luego nuevamente es nombrado en 1975 Vicario en la Catedral La Inmaculada.

Al terminar la responsabilidad en la Vicaría de Pastoral fue encargado de la Comisión de Catequesis para remplazar al P. Carlos Bernal, donde contó con el apoyo de la Hna. Esmeralda, Vicentina, y luego de la Hna. Josefina, de las Hijas del Calvario.

 

En esa época conformaron junto con los sacerdotes: Ignacio Rosero S.J., Floresmiro López, Gabriel Ojeda, Nel Beltrán, Luis de la Espriella, Guillermo Serrano y luego Luis Ortiz S.J., además de sacerdotes que venían a la ciudad de otras parroquias como Bernardo López y Adolfo Galindo, un grupo de estudio de teología y análisis de   la realidad, que lo llevó a un compromiso radical con las comunidades más pobres y excluidas.  

 

Formó parte de un grupo de sacerdotes denominado SAL (Sacerdotes de América Latina), que quisieron poner en práctica el Documento de la Conferencia Episcopal Latinoamericana que se reunió en Medellín en 1968, Documento que junto con los de Concilio Vaticano II, marcaron un hito en la renovación de la Iglesia Latinoamericana, que dio origen a la denominada Teología de la Liberación.

 

Su paso como Director de la Comisión Diocesana de Pastoral Social, hizo de esta, una verdadera escuela de formación de líderes y animadores sociales, iluminados con la Doctrina Social de la Iglesia, buscando siempre que la justicia y la solidaridad estuvieran siempre presentes en los procesos y en los proyectos de la Pastoral Social, orientada hacia la inclusión social, que permitiera transformar las personas en objetos y sujetos de su propio desarrollo, involucrados en la conversión de las situaciones de injusticia,  en propuestas de vida y desarrollo que significaran un pregustar de la paz y de la fraternidad como signos del Reino de Dios en construcción aquí y ahora.

 

En noviembre de 1975 fue nombrado Vicario Parroquial del Señor de los Milagros hasta 1977 y de esa forma comenzó a participar plenamente de esa experiencia pastoral. En 1978 el Padre Floresmiro López fue enviado a estudiar Ciencias Sociales a Roma y entonces lo reemplazó como Párroco y como Director de Pastoral Social, asumiendo con los equipos correspondientes, la dirección de estos dos frentes de trabajo.

 

En las vacaciones de la Universidad, nos reuníamos con el P Eduardo junto con otros compañeros, entre ellos Juan de Dios Castilla Amell, Sofía Salcedo y una Religiosa de la Comunidad de las Asuncionistas (que había traído Nel Beltrán cuando era Párroco del Señor de los Milagros), éramos jóvenes inquietos por la problemática social para estudiar y analizar la realidad que nos impulsaba hacia un compromiso de cambio del corazón y de las estructuras injustas de la sociedad. Fue una época en que el P. Eduardo acompañado del P. Gabriel Ojeda Niño, hicieron de esos encuentros  un verdadero movimiento de estímulo al liderazgo de muchos jóvenes cristianos católicos para participar en procesos de cambio social y político.

Durante su permanencia en la parroquia El Señor de los Milagros, junto con el P. Floresmiro López, fundaron el Colegio Camilo Torres y realizaron una intensa labor pastoral de evangelización y organización de las comunidades más pobres del nororiente de la ciudad, dando lugar a la formación de los Clubes de Amas de Casa, que más tarde se convirtió en la Organización Femenina Popular. El P. Eduardo Diaz permaneció en la Parroquia hasta 1987.

 

Participó activamente como animador de movimientos sociales que buscaban un mejor bienestar para los habitantes de Barrancabermeja, siempre con una visión cristiana,  brindó junto con el P. Ignacio Rosero el apoyo a los invasores de tierras que luego conformaron el barrio 1º de Mayo; igualmente colaboró activamente con el paro cívico de 1975, reivindicando el servicio del agua, contando con el apoyo del Obispo Bernardo Arango Henao, lo que ocasionó el disgusto del entonces Ministro de Gobierno Cornelio Reyes, quien en la Televisión dijo que el Obispo quería hacer un Coctel de Vodka con agua bendita y monseñor respondió con vehemencia  diciendo que si el ministro hubiera aceptado la invitación de venir a Barrancabermeja, se hubiera dado cuenta que el agua de la ciudad, ni siquiera era apta para bendecir.

 

Este trabajo con los pobres y excluidos y por las reivindicaciones de la ciudad, fue incomprendido por algún sector de la sociedad, llegando a acusarlo injustamente de haber sido fundador del ELN, ello  conllevó  a que  durante una reunión de Obispos, un Jerarca de la Iglesia, le preguntó a Monseñor Juan Francisco Sarasti, Obispo de Barrancabermeja sobre la catolicidad del Padre Eduardo Díaz y el Obispo le contestó diciendo: “la catolicidad del P. Eduardo Díaz, es asunto mío y no suyo”; el P. Eduardo se reunió posteriormente con ese jerarca y aclaró la acusación, todo eso luego dio origen a amenazas de muerte que lo obligaron a abandonar el país en 1987, por las amenazas del denominado grupo Terrorista MAS (Muerte a Secuestradores) y a refugiarse en Canadá, donde atendió la Parroquia Misión Católica Hispana Vancouver de 1987 a 1996, durante 9 años.

 

El Padre Eduardo ha estado vinculado a diversas organizaciones, entre otras: Asesor Nacional de Comunidades de Base Campesinas, Capellán de Economía de la Universidad Javeriana, Comité para relaciones del Departamento de Policía con la Comunidad Hispana, Director de Educación Religiosa - Diócesis de Barrancabermeja, Director de Pastoral Social - Diócesis de Barrancabermeja, Juez Colegial del Tribunal Eclesiástico - Arquidiócesis de Bucaramanga, Miembro de la Comisión de Paz para el Magdalena Medio, Miembro de la Junta Directiva de la Comisión de Derechos Humanos, Miembro de la Junta Directiva del Centro Comunitario Hispano, Miembro de la Junta Directiva de la Coordinadora Popular de Barrancabermeja, hizo parte  del Comité Privado de Desarrollo de Barrancabermeja, Miembro del Consejo de la Comunidad Latinoamericana, Miembro del Equipo SEDAC y Coordinador de formación sacerdotal de las Diócesis de la Región Nororiental de Colombia.

Después de su regreso al país, luego de su experiencia en Vancouver (Canadá) trabajó como asistente de Investigación en la facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana, luego como Director de Posgrados y finalmente como Director de Departamento de Teología en la misma Universidad.

Posteriormente, colaboró en el SEDAC - Servicio de Animación Comunitaria del Movimiento por un Mundo Mejor que promueve en las Diócesis de Colombia el PDR/E, durante 10 años, de los cuales los últimos 8 años fue su director. Por razones de salud, se fue a vivir a la ciudad de Bucaramanga, donde fue designado como Coordinador de la Formación Continua de los sacerdotes de las Diócesis del Nororiente y en el año de 2011 en el mes de Julio, fue nombrado como Vicario General de la Diócesis de Barrancabermeja; posteriormente, hizo parte de la Junta Directiva de la Corporación Desarrollo y Paz, que impulsa el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio.

 

Durante el tiempo que se desempeñó como Vicario General de la Diócesis de Barrancabermeja, se dedicó fundamentalmente a la formación del Presbiterio; en diversos encuentros durante cada año, a acompañar las reuniones de las Vicarías foráneas y a revisar los fundamentos teológicos del PRD/E y el desarrollo de este en la Diócesis, con miras a la elaboración de un nuevo Plan de Pastoral, con sus aportes se apresta la Diócesis para aprobar el nuevo Plan Diocesano de Pastoral.

 

Desde hace más de un año estaba dedicado a escribir sus memorias donde recopila esa rica experiencia, de su fructífera vida presbiteral, para que sirva de ejemplo a las nuevas generaciones de sacerdotes y seminaristas, que quiso titular “Experiencias de una Iglesia Popular”; no alcanzó a terminar la parte de su experiencia como Vicario General, documento que tenía proyectado publicar. En sus últimos años su salud se fue deteriorando poco a poco, pero su fortaleza espiritual, al contrario, fue creciendo.

 

En Eduardo Díaz Ardila se conjugan tres manifestaciones del profetismo:

  • La Luz  del Espíritu Santo que ilumina su inteligencia, lo llena de la sabiduría de Dios para  discernir los signos de los tiempos, guiado  por la palabra lo hace descubrir la voluntad de Dios en determinadas situaciones de nuestra realidad;
  • el Fuego que hace arder su  corazón al momento de denunciar con valentía y serenidad la injusticia; y,
  • el trato amable y tierno con las personas, como amigo y como consejero o para consolar y acompañar a los que sufren los embates de la vida, especialmente a  los más pobres.

Su existencia constituye un paradigma para los presbíteros más jóvenes por eso, algunos lo escogieron como su padrino de ordenación.

 

Su valiosa vida al servicio del Evangelio y de entrega a los más humildes y sencillos, nos lleva a recordar las palabras del Profeta Daniel Los doctos brillarán como el fulgor del firmamento y los que enseñaron a la multitud la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad” (Daniel 12, 3).

 

Jaime Barba Rincón, Pbro.

Vicario Judicial Diócesis de Barrancabermeja

Barrancabermeja, abril 24 de 2018

 

[1] Cfr. Díaz Ardila Eduardo, “Experiencias de una Iglesia Popular”, Barrancabermeja 2017, Inédito.



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